
Ací tenim a Blancaneu desfent-se de les coses que ja no vol fer servir. N'està farta de cuinar i netejar per a set nanets. La foto pertany a una actuació (o living-performance) creada per una artista molt original, Yolanda Domínguez. (dalt, o baix, no sé, sóc nova en açò, teniu l'enllaç al seu blog)
Vos recomane que llegiu l'entrada "Princesas 2.8" i que li pegueu una miraeta a la resta d'obres.
L'alumnat de quart està preparant versions modernes dels contes tradicionals. De moment hi ha una Caputxeta Rapera i una Blancaneu independent i valenta. Esperem que hi hagen molts més.
A l'aula vam portar un text amb el final alternatiu de La Bella Dorment; .L'he tret del llibre Ni ogros ni princesas . Ací el teniu:
Relato A: “(…) Cada vez más extrañado, se adentró en el castillo hasta llegar a la habitación donde dormía la princesa. Durante mucho rato contempló aquel rostro sereno, lleno de paz y belleza; sintió nacer en su corazón el amor que siempre había esperado en vano. Emocionado, se acercó a ella, tomó la mano de la muchacha y delicadamente la besó... Con aquel beso, de pronto la muchacha se desperezó y abrió los ojos, despertando del larguísimo sueño. Al ver frente a sí al príncipe, murmuró: ¡Por fin habéis llegado! En mis sueños acariciaba este momento tanto tiempo esperado". El encantamiento se había roto. La princesa se levantó y tendió su mano al príncipe. En aquel momento todo el castillo despertó. Todos se levantaron, mirándose sorprendidos y preguntándose qué era lo que había sucedido. Al darse cuenta, corrieron locos de alegría junto a la princesa, más hermosa y feliz que nunca. Al cabo de unos días, el castillo, hasta entonces inmerso en el silencio, se llenó de cantos, de música y de alegres risas con motivo de la boda”.
Relato B: (…) Estaba la princesa leyendo un libro en el jardín de palacio cuando llegó un príncipe de un lejano país, atraído por las noticias de su sabiduría, y quiso verla. La princesa, curiosa, aceptó y le invitó a tomar una limonada porque hacía mucho calor. El príncipe, nada más verla, impresionado por su belleza, cayó a sus pies y le propuso matrimonio. La princesa, asombrada, lo miró fijamente diciéndole: “perdone, caballero, usted y yo no nos conocemos de nada, así que no sé cómo se atreve a pedirme que me case con usted. ¿Acaso sé yo si tiene buen carácter, si es simpático, si le gusta la música o si sabe cocinar perdices? ¿Me ha preguntado si yo tengo un amor, si me gustan los hombres o si tengo interés en casarme?”. La princesa cogió de nuevo el libro y siguió leyendo. El príncipe, cabizbajo, se dio media vuelta y se marchó pensando que se había equivocado de cuento.

